martes, 6 de septiembre de 2011

EDUCAR EN EMOCIONES

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una via ante la necesidad de trasformar nuestra sociedad.
PONENCIA EN LA UPN. 6 SEP.2011
Angel Rebollo Flores
Alfonso Luna Martínez
      Sin duda, un tema que ha adquirido importancia en el ámbito de la educación del siglo XXI, es el gran analfabetismo que existe a nivel mundial. Tal vez muchos de ustedes se escandalicen después de esta afirmación, sobre todo si consideramos que durante el siglo XX, prácticamente logró erradicarse el nivel de personas que no sabían leer ni escribir, se avanzó bastante en el desarrollo de los diversos sistemas educativos, en la construcción de escuelas, universidades, centros de investigación y, hoy en día, la tecnología nos permite tener acceso a datos de una manera rápida, simple y efectiva, prácticamente la sociedad actual posee una gran cantidad de información y basta con un solo clic, para obtenerla.
      Existe en el mundo un nuevo analfabetismo, le llamamos nuevo, no por el hecho de que haya surgido recientemente, ya que siempre ha existido, además de que no se trata de un asunto únicamente de información o de capacidad de lectoescritura, ni siquiera de un tema meramente cognitivo; es una cuestión mayor, que incluye aspectos psicológicos, al reconocer los afectos y las emociones, una cuestión que determina la sobrevivencia del individuo, misma que se logrará en la medida en que se adapta a su medio, nos referimos al analfabetismo emocional[1] mismo que debe ser abatido por un proceso contrario de alfabetización afectiva, esto es, la educación emocional. Según Aliste y Alfaro, “el analfabetismo en torno a las emociones nos lleva a ser prisionero de nuestras propias emociones, el aprender a ser inteligentes emocionalmente nos permite experimentar la felicidad, la empatía, la aceptación de sí mismo y mejorar la autoestima” [2]
      Hoy en día, podemos considerar que vivimos inmersos en una sociedad informada, que posee una gran cantidad de datos al respecto de todas las áreas del actuar humano, nos enteramos de los grandes avances en el campo de las ciencias y de los nuevos desarrollos tecnológicos. Cada día son más las personas que tienen acceso a la educación, tenemos un mayor número de profesionales en todas las ramas del conocimiento, nos es posible viajar al espacio, explicar los fenómenos naturales. Sin embargo, esta sociedad de la información, avanzada, al mismo tiempo, sufre de graves problemas en sus individuos, en sus familias, cada vez son más frecuentes los casos de drogadicción, alcoholismo, desintegración familiar, divorcios; además la delincuencia organizada ha puesto en jaque a las instituciones, realizando actos que lesionan hasta lo más profundo al tejido social; los niveles de inseguridad son los más altos en la historia, ya no nos sorprende escuchar en las noticias que diariamente hay ejecuciones violentas; la pobreza crece a pasos agigantados; la educación ya no es vista, como lo fue en los siglos XIX y XX, como la panacea para resolver estos y otros problemas y ha dejado de ser un factor de movilidad social.
      Vivimos en un mundo de contrastes, de claroscuros, que nos mantiene en un apremiante afán por ser, por tener, por lograr, por superar, por adquirir, por vencer, por cambiar; donde sin duda, sólo los más adaptados podrán sobrevivir. Somos parte de una generación en cambio constante, al que nos ha llevado el desarrollo; la concepción social heterogénea, donde estaban definidos claramente los roles sociales, ha desaparecido, la estructura familiar tradicional, ha sido sustituida por una nueva configuración filial, en fin, vivimos en una sociedad totalmente dinámica, cuyos valores se han modificado. Apenas el siglo pasado, era habitual escuchar a los padres decir a sus hijos: “Estudia para que seas alguien en la vida, para que te superes”, hoy en día esta frase ha pasado al ámbito de nuestra memoria histórica. Los tiempos que vivimos, ahora demandan más a las personas la capacidad de adaptarse a los cambios de manera rápida, enfrentarse a un contexto demandante, que exige el desarrollo de habilidades diversas para lograrlo, es un momento evolutivo crucial, el hombre debe desarrollar las competencias necesarias para superar al hombre mismo.
      La educación formal, de manera tradicional se ha centrado en la formación académica, con base en la dotación de conocimientos a los alumnos, los cuales se señalan en el  plan de estudio que se debe cubrir; las evaluaciones de éstos se realizan a través de instrumentos que principalmente miden cantidad de conocimientos adquiridos, por lo cual la formación misma se encamina en el desarrollo cognitivo, y se ha olvidado casi por completo de la dimensión emocional; sin embargo, durante los años 90, se han formulado una serie de teorías que consideran al ser humano, más que un receptor pasivo, al que habrá que trasmitirle una serie de conocimientos; como un ser activo y emocional. Como lo habíamos dicho, esta concepción no es nueva, en virtud de que desde la antigua Grecia, se había establecido una distinción entre la razón, el espíritu y los apetitos; de hecho los filósofos griegos, consideraron que las emociones son las responsables de las miserias y frustraciones humanas.
      Por otro lado, en el siglo XIX, los ideales evolucionistas relacionados con la adaptación de las especies y la selección natural, afirmaron que en el ser humano las emociones le permiten comunicar sus intenciones, adaptarse y sobrevivir en su entorno, en palabras de Goleman: “este tipo de reacciones automáticas ha terminado inscribiéndose en nuestro sistema nervioso, porque sirvió para garantizar la vida durante un período largo y decisivo de la prehistoria humana y más importante todavía, porque cumplió con la principal tarea de la evolución, perpetuar las mismas predisposiciones genéticas en la progenie”[3]; más adelante en la historia, el psicoanálisis, como uno de las teorías más importantes de la psicología, nos muestra una explicación sobre cómo la vida afectiva de las personas en su adultez, tienen que ver con sus experiencias afectivas pasadas.
      Por lo anterior, podemos afirmar que si bien es cierto, que el actuar humano deviene de una complementación tanto del aspecto cognitivo, como del aspecto emocional, ambos se interrelacionan y entrelazan, por esta razón, la labor educativa, también debe realizarse tomando en cuenta estos aspectos. En este sentido, consideramos que en la actualidad, estamos frente a una revolución emocional en la educación, motivada principalmente por el aumento en los estudios de las funciones cerebrales; así como de la publicación de diversas investigaciones que dan cuenta de la importancia de la emoción en la actividad del ser humano; en este sentido, podemos mencionar: el desarrollo de la neurociencia, como un estudio avanzado de la actividad cerebral; la difusión de obras relacionadas con las inteligencia emocional, como es el caso de las escritas por Daniel Goleman: La inteligencia emocional; o Howard Gardner, con sus trabajos sobre las mentes del futuro y las inteligencias múltiples, entre otros; sin dejar de lado el mencionar el gran éxito que la aplicación de éstas han tenido en el ámbito educativo no formal y en las organizaciones a nivel mundial, estos y otros factores han causado en los educadores una toma de conciencia sobre esta revolución emocional. 
      Nos parece adecuado en este momento, revisar someramente en qué consiste la emoción, la cual es “un estado complejo del organismo, generado habitualmente como respuesta a un acontecimiento externo o interno, caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada”[4]. Ésta funciona como un factor que motiva la conducta, que determina la supervivencia y adaptación del ser humano a su ambiente, que sirve para la comunicación interpersonal, nos permite expresar a los demás cómo nos sentimos, lo que deseamos y hacia dónde queremos llegar. La emoción juega un papel de vital importancia para el ser humano, ya que afecta directamente los procesos mentales, el cómo percibimos las cosas, la manera en que construimos, memorizamos y razonamos la realidad.
      Las emociones devienen de nuestras relaciones con el entorno, pero implican también una valoración subjetiva, que el sujeto hace de acuerdo con sus conocimientos previos, creencias, objetivos personales, percepción del ambiente, intereses, entre otros. Los seres humanos estamos integrados tanto por emociones, como por cognición, si fuésemos únicamente racionales, perderíamos la fascinante oportunidad de acceder a la fuente de conocimiento emocional; factor sine cua non existiría la posibilidad de resolver problemas y tomar decisiones. Podemos afirmar que las emociones nos orientan en la toma de las decisiones más importantes de nuestras vidas; de hecho, un ser sin emociones no solamente sería menos inteligente; sino que también menos racional, para Goleman: “existe una dicotomía entre lo emocional y lo racional, -lo cual- se asemeja a la distinción popular existente entre el corazón y la cabeza”[5].
     Nunca como hoy, se ha considerado la necesidad de reestructurar a la sociedad, de modo que se haga posible la creación de un mundo feliz[6], seguro e inteligente, sobre todo ante los grandes problemas que se han expresado anteriormente, es necesaria una opción para luchar contra el analfabetismo afectivo. La respuesta es denominada educación emocional, que propone un modelo educativo orientado a ayudar a las personas a poseer un mejor conocimiento de los fenómenos emocionales, a desarrollar la conciencia emocional, a mejorar la capacidad de controlar las emociones, a fomentar una actitud positiva ante la vida. Desde esta perspectiva, la educación emocional es una forma de prevención inespecífica, que puede tener efectos positivos en la prevención de actos violentos, del consumo de drogas, del estrés, de estados depresivos, de trastornos de la alimentación, de suicidio; problemas actuales que tienen una incidencia social preocupante y que suponen elevados costes económicos y humanos. Como lo expresan Aliste y Alfaro: “La Educación emocional es la alternativa; ésta pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, mejorando el bienestar personal y social de todos”[7]
      La Educación Emocional busca el desarrollo afectivo del individuo, formar sus competencias para que pueda desarrollarse socialmente; un progreso en el ser y el estar, enseñando la condición de humano y la comprensión de esta calidad, desde un punto de vista ético; que todos los individuos aprendan lo que necesitan aprender en el momento oportuno de su vida y de su sociedad; educar las emociones, permitirá al individuo guiar correctamente sus decisiones, siendo asertivo instante tras instante, trabajando tanto con la mente racional, como con la emocional. Educando en emociones, se pretende lograr  el desarrollo de la denominada inteligencia emocional, esto es, que la persona tenga la capacidad para percibir, comprender, regular, interpretar e inducir emociones y estados anímicos, tanto en el ámbito intrapersonal, como en el interpersonal; asimismo, que pueda tomar conciencia de su calidad humana, reconocer, identificar las emociones que le suceden, sabiendo que existen no sólo las positivas, sino también las negativas, y que debe aprender a conocerlas y adquirir la capacidad de dirigirlas hacia la toma de decisiones, asumiendo la responsabilidad que en virtud de las tales se produzca.
      Educar emocionalmente implica el desarrollo de la inteligencia emocional, al respecto de la cual diremos que consiste en tener la conciencia de las propias emociones y controlarlas, en este punto, es fundamental la educación como factor necesario para poder lograrlo; asimismo, se busca desarrollar conciencia emocional, esto es, disponer de las palabras adecuadas para denominar a las emociones, de aquí la importancia de que el sistema educativo deba potenciar las inteligencias emocionales en los alumnos; aunque también adquiere una relevancia fundamental la formación de docentes, es necesario convertirlos más que en transmisores de conocimientos, en verdaderos transformadores de sus educandos, utilizando en esta labor sus emociones, teniendo como claves fundamentales: aprender aprendiendo, aprender a hacer y dirigir las emociones[8]; asimismo, se busca desarrollar la habilidad para lograr el control emocional, lo cual incida en el comportamiento, en el pensamiento y en los impulsos fisiológicos. Desde el punto de vista de Goleman, el sistema educativo debe: “forjar una  nueva visión acerca del papel que deben desempeñar las escuelas en la educación íntegra del estudiante, reconciliando en las aulas a la mente y el corazón” [9]
     Como se ha establecido, no es lo mismo educación emocional que inteligencia emocional, aunque ambas se complementan, la primera, pretende el bienestar personal, y debe entenderse como un factor de prevención a través del desarrollo de competencias emocionales[10], busca que el individuo pueda controlar sus emociones y canalizarlas en pro del bienestar y la consecución de la felicidad; mientras que la inteligencia emocional tiene que ver con el reconocimiento de las emociones propias y de los demás, “una inteligencia es una habilidad necesaria para resolver problemas o para elaborar productos”[11]
      En la labor educativa de las emociones resulta de especial importancia la motivación del individuo mismo, que le permite seguir adelante, aún cuando se encuentre con dificultades, obstáculos, fracasos y frustraciones; las emociones mismas son un factor de motivación; un sujeto motivado hará lo que esté a su alcance para lograr sus objetivos. Lo anterior resultará en la administración correcta tanto de las emociones positivas como de las negativas, la persona debe estar plenamente convencida que le irá bien en la vida a pesar de todo lo que pase, nada podrá evitar que tenga éxito; pero aún más, ser optimista tiene que ver con la forma en que se explican los fracasos, esto es, tener la conciencia de que las causas de los fracasos son totalmente modificables y, por lo tanto, lo que hoy parece derrota en el futuro será una victoria absoluta. En palabras de Goleman: “el optimismo, -al igual que la esperanza- significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones (…) es una actitud que impide caer en la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades”[12]. Dicho de otro modo, la educación emocional nos enseña a ponderar las emociones positivas para el logro de los objetivos, sobre las emociones negativas.
      Hablar de Educación Emocional, también implica el reconocimiento de las emociones de los demás: la empatía, el comprender lo que las personas sienten en diversas situaciones,  poder ponerse en el lugar del otro, comprenderle; este entendimiento del otro conlleva al establecimiento de relaciones. La comprensión de las emociones de los demás, combinada con la comprensión de las propias, permite al individuo interrelacionarse eficazmente, desarrollarse en sociedad, en fin, adaptarse plenamente a su medio. Educar en emociones implica que el individuo se conozca plenamente, pero también que reconozca la sociedad en la cual está inmerso, “el desarrollo de la inteligencia emocional, ha surgido como un concepto muy relevante del ajuste emocional, el bienestar personal, el éxito en la vida y las relaciones interpersonales”[13]
      La educación emocional, más que enseñar conocimientos, desarrolla competencias, inteligencias emocionales para afrontar la vida misma, entre las principales podemos destacar: la empatía, la exacta autovaloración, orientación al servicio, confianza en uno mismo, conciencia organizacional, autogestión, manejo de las relaciones, autocontrol, desarrollo de otros, confiabilidad, influencia, ética, comunicación, regulación, adaptabilidad, manejo de conflictos, manejo de logros, liderazgo, iniciativa, trabajo en colaboración. 
      Las personas que comprenden sus emociones, tienen la facilidad de conocer, saber y percibir los puntos débiles y los puntos fuertes, tanto de sí mismos, como de su entorno, experimentan sus sentimientos y muestran lo que piensan, ya que tienen un mejor control de las propias emociones, desarrollan habilidades para relacionarse con los demás, lo cual les permite la adaptabilidad. La educación emocional, trasciende el ámbito de la formalidad, y se inmiscuye en un campo más amplio, abarcando la familia, la salud, la formación de ciudadanía, la empresa pública y privada, las instituciones, en fin, la sociedad en su conjunto, aunque tiene impactos en todo el entorno.
      Mucho se ha dicho al respecto de que la institución educativa, actualmente no responde a las necesidades de los estudiantes, normalmente un joven que ha terminado su educación superior, cuenta con una serie de conocimientos teóricos sobre su área específica de estudio; que si bien le proporcionan conceptos y herramientas indispensables, prescinden del aspecto emocional y práctico, los cuales se deben obtener en la experiencia laboral misma como una serie de habilidades y competencias, que la escuela no le proveyó.
      No decimos que la teoría sea insuficiente en sí misma; los conocimientos son muy importantes, pero en virtud de lo que hemos expresado, también lo es, y tal vez ahora más que en otras épocas, el desarrollo de la inteligencia emocional. La necesidad de desarrollar la inteligencia emocional trasciende en otros ámbitos, como en el caso de la convivencia social, donde por lo general los individuos no sabemos gestionar nuestras emociones, solucionar los conflictos, llegar a acuerdos, ceder en pro del bien colectivo,  muchas de las veces, de allí devienen las conflictos entre vecinos, los problemas familiares, los divorcios; que incluso podrían llegar a campos de acción, que incluirían a la política, a la economía, al sistema de impartición de justicia, a la convivencia internacional, etc.
      Es por esto que urge educar emocionalmente, lo cual indudablemente trae ventajas que influyen de manera significativa, tanto en el nivel individual, como en el social; en la medida que la sociedad logre en sus miembros un interés para que cultiven, desarrollen, equilibren y canalicen las emociones, habrá dado el primer paso, para lograr equidad, seguridad, justicia e igualdad. El manejo de las emociones incluye la habilidad de auto motivación y perseverancia ante las situaciones difíciles y frustrantes, pero también nos enseña a controlar nuestros impulsos y gratificaciones, a regular los estados de humor; también evita que las desgracias obstaculicen la habilidad de pensar, desarrollar empatía y esperanza. De hecho, en un futuro cercano, el coeficiente de inteligencia (CI), sin duda será substituido por el llamado coeficiente emocional (CE), que complementará la medición de habilidades cognitivas con las inteligencias emocionales, para determinar en qué medida podemos utilizar correcta, oportuna y eficazmente las habilidades que tenemos. Es por esto que en el Sistema Educativo Nacional, es urgente que se eduque en emociones.
      Por otro lado, la educación en emociones (alfabetización afectiva), reduce los elevados costos que resultan para la sociedad[14], por conceptos relacionados con crímenes, violencia, arrestos, uso de armas de fuego, suicidios, inseguridad ciudadana, depresión, ansiedad, estrés, desórdenes de la alimentación, abuso de drogas y alcohol. Rafael Bisquerra, al respecto expresa lo siguiente: “…para mejorar las relaciones sociales suele ser efectivo el desarrollo de habilidades sociales, lo cual puede tener una incidencia sobre la vida familiar, la pareja, los amigos, compañeros de trabajo, vecinos y relaciones en general…”[15]
      Se busca a través de esta psicopedagogía de las emociones, desarrollar la personalidad integral del individuo, con habilidades sociales, entrenamiento asertivo, autocontrol, autoestima, habilidades de vida, relación ganar-ganar, en fin, educación emocional; para Bisquerra, “…se trata de capacitar a todas las personas para que adopten comportamientos que tengan presentes los principios de prevención y desarrollo humano… la prevención está en el sentido de prevenir problemas como consecuencia de perturbaciones emocionales…”[16]. El modelo psicopedagógico de las emociones tiene que ver con el cómo de la educación emocional, es decir, las estrategias y procedimientos que se instrumentan para llevarla a cabo.
      Como complemento a lo anteriormente dicho, podemos afirmar que esta educación quiere lograr tanto el desarrollo emocional, como el cognitivo del individuo, poniendo énfasis en el proceso intrapersonal como en el interpersonal, reconociendo que toda interacción social está impregnada de fenómenos emocionales. Por otro lado, educar emocionalmente implica preparar al individuo para las eventualidades; así como lograr una correcta salud emocional, esto es, disminuir la tensión que producen los conflictos familiares, escolares, laborales, sociales, mismos que en muchas ocasiones se manifiestan de diversas maneras, siendo una de las principales, el estrés, la depresión y la ansiedad.
      La sociedad está enferma[17], hasta hoy los sistemas educativos han dado sólo paliativos, que no han logrado resolver de fondo los problemas de la sociedad moderna, en este sentido, la educación emocional, se presenta como una opción innovadora, como un factor que coadyuva en la solución de los grandes retos de la actualidad, sin embargo, hay que tomar en consideración que el cambio fundamental que debe hacerse primeramente es en los educadores, se les debe educar emocionalmente con la finalidad de que trasformen a sus alumnos y estos, a su vez, a sus familias, situación que redundará en una trasformación emocional total del entorno. Como lo dice el lema de esta institución educativa: Educar para trasformar.
Por su atención, gracias.
REFERENCIAS.


[1] Aliste A, Alfaro V, (2007) Educación emocional una alternativa para evitar el fracaso escolar y social, Revista Vasconcelos de educación, III (4) enero-junio, pp. 81.
[2] Ibíd. p. 92
[3] Goleman, D. (2010) Inteligencia Emocional. Editorial Kairós. Barcelona, p. 9
[4] Aliste A, óp. cit., p. 85
[5] Goleman, óp. cit., p. 11
[6] Eduardo Punset (2009): Redes educar para fabricar ciudadanos (parte 1). Recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=uiWMIWKibkQ, consulta del 08 de julio de 2011.
[7] Aliste A, óp. cit., p. 81
[8] Eduardo Punset (2007): Claudio Naranjo en Redes (parte 1), recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=GLJTBct5pZ0, consulta del 08 de julio de 2011.
[9] Goleman, óp. cit., p. 6
[10] Bisquerra, R. (2001) Educación emocional y bienestar. Editorial CISSPRAXIS SA. Barcelona, p 13
[11] Bisquerra, óp. Cit. p. 18
[12] Goleman, óp. cit., p. 60
[13] Fernández Berrocal, Pablo y Ruiz Aranda, Desiree (2008). La Inteligencia Emocional en la Educación. Revista de Investigación Psicoeducativa , Vol. 6 (2), 193-204., p 1
[14] Para Bisquerra, el sistema educativo está más interesado en enseñar conocimientos que en saber si los jóvenes estarán vivos la semana que viene para poderlos utilizar. Manifestaciones del analfabetismo emocional entre jóvenes en edad escolar son la depresión, ansiedad, estrés, desórdenes de la comida (bulimia, anorexia), suicidios, violencia, delincuencia, drogas, alcoholismo, conducción temeraria, etc. Todo ello tiene una incidencia social preocupante y supone elevados costes económicos y humanos. Bisquerra, op. Cit., p. 21
[15] Bisquerra, op. Cit., p. 244.
[16] Bisquerra, óp. Cit., p. 243
[17] Eduardo Punset (2007): Claudio Naranjo en Redes (parte 2), recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=nFrooBH85Xs&feature=related , consulta del 08 de julio de 2011.

BIBLIOGRAFÍA.
-       Bisquerra, R. (2001) Educación emocional y bienestar. Editorial CISSPRAXIS SA. Barcelona.
-       Bisquerra, R. (2009) Psicopedagogía de las emociones. Editorial Síntesis. Barcelona.
-       Gardner, H. (2005) Las cinco mentes del futuro. Editorial Paidós, Barcelona.
-       Goleman, D. (2010) Inteligencia Emocional. Editorial Kairós. Barcelona.

Hemerografia y otras fuentes.
-       Aliste A, Alfaro V, (2007) Educación emocional una alternativa para evitar el fracaso escolar y social, Revista Vasconcelos de educación, III (4) enero-junio, pp. 81-95.
-       La Inteligencia Emocional en la Educación. Revista de Investigación Psicoeducativa, Vol. 6 (2), 193-204. Recuperado de: http://www.investigacionpsicopedagogica.org/revista/articulos/15/espannol/Art_15_244.pdf, consulta del 08 de julio de 2011.
-       Eduardo Punset (2009): Redes educar para fabricar ciudadanos (parte 1). Recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=uiWMIWKibkQ, consulta del 08 de julio de 2011.
-       Eduardo Punset (2007): Claudio Naranjo en Redes (parte 1), recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=GLJTBct5pZ0, consulta del 08 de julio de 2011.
-       Eduardo Punset (2007): Claudio Naranjo en Redes (parte 2), recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=nFrooBH85Xs&feature=related , consulta del 08 de julio de 2011.